martes, 13 de noviembre de 2012

La historia del Inspector Municipal

Hoy día había salido del liceo después de una jornada muy fatigante, cuando decidimos con unos compañeros irnos a sentar al pasto de la plaza de la ciudad. Después de un rato llegaron más personas al punto de que debíamos rondar por las diez o doce personas.

Yo estaba tocando guitarra mientras todos hablaban, hablaban del liceo y sobre temas bizarros en general, en cierto momento llegaron tres perros donde estábamos y algunos chicos asustados se pararon pero nada más, los perros eran claramente inofensivos. Debimos haber estado unos diez minutos entretenidos con los perros cuando pasa una persona por la acera y los tres perros van a ladrar alrededor del tipo, la persona era muy vieja y en su desesperación arranco una rama de un árbol para golpear los perros y ahuyentarlos.

Era un verdadero espectáculo ver como el viejo sacudía la rama de árbol y los perros ladraban alrededor de él como si le tuvieran un odio extraño, lo mejor fue cuando el viejo corrió tras un perro en el pasto y se tropezó con sus propias piernas cayendo de bruces frente a todos nosotros. Todos se aguantaron la risa, o lo intentaron. Fue la gota que derramó el vaso para el pobre anciano.

Desesperado llamó a Carabineros balbuceando un desorden de palabras que nadie captó muy bien, lo único  que se entendió de lo que dijo fue: "Voy a matar a esos perros". En el tono en que lo dijo, sabíamos que la advertencia era muy en serio.

Las chicas más defensoras de los animales del grupo se sintieron indignadas e inmediatamente fueron a dialogar con el adulto mayor, el anciano era terco y repetía: "Voy a matar a los perros", "Voy a matar a los perros", por supuesto en este punto los chicos mas bizarros del grupo ya lo habíamos tomado a broma y mientras las chicas preguntaban, muy graves, porqué mataría a los perritos, nosotros preguntábamos si trabajaba en el Festival de la Una, si conocía a Don Francisco, si iba a donar plata para la Teletòn y toda la roña que se nos pasaba por la cabeza.
La tensión llegó a su punto máximo cuando el hombre exclamó:

¡¿ACASO NO SABEN QUIEN SOY YO?! ¡SOY INSPECTOR MUNICIPAL!

En ese instante sentí como tocaba el cielo y supe que era mi momento de brillar.
Tiré la guitarra al suelo, me saqué el polerón y grité a todo pulmón:

¡INSPECTOR MUNICIPAL! ¡INSPECTOR MUNICIPAL!


Me tiré al suelo haciendo como que tenìa un ataque de epilepsia, corri por todos lados gritando lo mismo una y otra vez 

¡INSPECTOR MUNICIPAL! ¡INSPECTOR MUNICIPAL!

Fue hermoso, la gente me miraba anonadada, fue una forma original aunque un poco brusca de decirle que su cargo me importaba poco o nada. Lo que pasó después no fue interesante, el tipo se fue en silencio y seguì con lo que tenía que hacer en el día.

Así aprendi hoy dia que vale la pena sacrificar un poco de reputación por una causa justa, y mas por joder a un inspector municipal.

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